
Caíganle pa que se llene y hagamos más bola. Va a ser mi debut como disertador en público y los invito pa que se refinen una buena pelicula.
Abraham García González
correo electrónico y msn: polifonica_@hotmail.com

Caíganle pa que se llene y hagamos más bola. Va a ser mi debut como disertador en público y los invito pa que se refinen una buena pelicula.
Abraham García González

Flyer por Carlos Álvarez

Flyer por: Carlos Álvarez
Fotografía por: Rafael Cruz

Foto por Carla Portillo.
Respiré puro humo, puras ganas de pensarme en el cadáver de mi elección.
Ubiqué mis sentidos en la realidad que se pierde cuando siento el mundo colapsar en blanco, cuando se desvanece lo que tenía idea que existía, lo que aprendía a reconocer, lo que sabía que vibraba sólo entre mis ideas.
Cuando la materia vive, es cadáver.
Respiré.
BAÑOS DE LA ENCINA
TEJIDO DE RECUERDOS
I
La siega toca a su fin.
Hombres y máquinas afanan la dulce espiga, pan eterno, liturgia de los pobres. Duerme la tierra durante la cosecha. Muere Julio de la mano de mi hermano. Muere el dorado pelo, duerme el gesto cansado. El aire duele. Me abrazo a sus pies y grito, grito a los campos que vengan con bocanadas de aire, pozos de agua fresca, velos que cubran mi espanto y que traigan también llanto, mucho llanto.
Desde la ventana de un hospital, observo el trajín de los hombres y mujeres un día cualquiera de un mes caluroso. El sol araña la luz de tal manera, que el aire parece una cortina desgarrada.
En la habitación hace frío, mucho frío. Estoy helada, encogida, tensa, triste… Me asalta el temor de lo que ven mis ojos y la certeza de lo sabido: mi hermano, perdido entre sábanas pálidas, agoniza como un pajarillo caído del nido. Su enfermedad extrema es la caída hacia el abismo de la muerte a la cual no puede ya burlar…
Miro por la ventana y la vida sigue… sigue su ritmo ajena a la aflicción que nos causa en el corazón la pena tan grande de ver a un hermano sin aliento de vida. Mi madre y mis hermanos apenas se mueven de su lado, conmovidos por el desenlace. Yo estoy algo más alejada que ellos. La ventana es mi puerta de salida, una manera de huir permaneciendo dentro, necesito dar a mis ojos una tregua, un freno a los sentimientos que me desbordan; no quiero ver el ocaso de una vida que es parte de la mía.
Dejo de mirar por la ventana y me acerco a su lado.
Lo veo cogido de la mano de mi madre y con los ojos cerrados como en una ensoñación, y con la voz de quien no tiene fuerzas, voz abatida, le habla de Baños, su pueblo, nuestro pueblo: El Santo Cristo, la calle Mestanza, La Llaná, Las Colas, el Castillo y sus almenas… En ese instante, los paisajes, los lugares amados acuden a socorrernos: evocan un sentimiento antiguo, tan profundo, que nos deja a todos un nudo en la garganta. Cada paraje nombrado nos apremia, nos mueve a reconstruir, a revivir aquella casa que fuimos: calor, risas, trabajo y honradez.
Mi madre recoge una a una las palabras de su hijo como el fruto más preciado y con lágrimas de dolor enciende una luz de ilusión, una pequeña llama que mantenga viva la mínima esperanza. Como si soñar aún fuera posible, sacando fuerzas de flaqueza, le dice a su hijo con ternura:
- Ya verás nene, cuando te pongas bueno, iremos a Baños. Hablaré con la prima y que nos busque una casa por el Santo Cristo. Una casa regular de grande con su patio lleno de macetas. Ya verás cuando vengan tus hermanos a vernos, qué envidia les vamos a dar. Tendremos un gato parecido a aquel blanco y rubio, ¿te acuerdas? ¡Anda que no era ladrón! Cuando hacíamos la matanza lo teníamos que atar. ¿Te acuerdas de Felipe? Ya verás qué agustico estaremos hijo, pero agustico de verdad. Anda que no escribirás cosas bonitas del campo, de aquellos cielos tan hermosos, con lo bien que se te da escribir. Y a lo mejor te juntas con alguien que le guste la guitarra como a ti. Bueno y tienes que terminar la novela que empezaste hace un siglo…Pero ante todo hijo mío, tienes que ponerte bueno.
II
“Baños de la Encina huele a tomillo y a romero…”
Cantábamos los hermanos cuando nos reuníamos para una ocasión festiva. Entre algazara y risas cada uno desafinaba a su manera y cantábamos una y otra y otra vez Baños de la Encina huele a tomillo y a romero y mientras cantábamos, sentíamos olor a infancia, a promesa, a pan recién horneado, a leyendas de voces antiguas, a historias de piedra de sol.
Y de aquella melodía nacían alas en el corazón y volábamos como aves que regresan de nuevo al calor de su tierra.
Una letra, una música, nos trae los ecos de lo que fuimos y tal vez seguimos siendo porque el lugar que nos vio nacer dejó una imprenta en el alma; en esa tierra hemos reído, hemos soñado, nos hemos enjugado las lágrimas; esa tierra escuchó nuestras primeras palabras, nuestros sentidos se llenaron de todo cuanto percibimos y todo ello pervive en nuestro ser. Y cuando te preguntan de dónde eres, renace la imagen del lugar que recogió tu primer llanto.
Mi hermano sabía muy bien decir de dónde era.
- Mi pueblo se llama Baños de la Encina, es un pueblo de Jaén, entre la sierra y los olivares. Allí, debajo de un castillo moro, las colas del Guadalquivir entran por los montes redondos y secos…como arterias redondas, casi estancadas.
Cuántas veces, cuántas recordaría a su pueblo, cuán adentro de su corazón lo llevaría que en su lecho de muerte, lo nombraba, lo recordaba…y vino su pueblo a cobijarlo en esa habitación de hospital, tan fría.
III
Mi hermano tenía tres nombres y tres madres.
Su madrina, mi tía, le pidió con gran sentimiento a mi madre, que le permitiera ponerle los nombres de los tres hermanos que desaparecieron durante la guerra civil española. Mi madre dijo que sí, pues se hacía cargo de la pena tan grande que tiene que ser perder a tres hermanos y no saber nada de ellos, ni siquiera poder decir, aquí o allí están enterrados. Mi tía, muy agradecida, se sintió feliz, pues mi madre le daba la oportunidad de que no se borraran de sus labios los nombres de sus hermanos José, Joaquín y Jaime, tan tristemente desaparecidos.
Mi hermano llevaba con orgullo los tres nombres, pues los demás teníamos uno o dos como mucho. Cuando le preguntaban cómo te llamas, él decía de carrerilla José Joaquín Jaime; a veces se equivocaba, se le trababa la lengua y lleno de vergüenza, lo veías de pronto colorado como un tomate. A pesar de que era gracioso verlo en esas dificultades, alguno de mis hermanos mayores, no recuerdo quién de ellos, empezó a llamarlo Pepe. Y de esta manera en casa, todos le llamábamos así. En la adolescencia, ya en tierras lejanas, los nuevos amigos y conocidos le llamaban Joaquín.
Mi hermano Pepe llamaba mama, no sólo a su madre; también a mi abuela y a mí. De esta manera siempre, siempre, tenía en los labios la palabra que más veces pronuncia el ser humano: madre, mama…
A las tres nos tenía cautivadas este niño chico, rubillo y flaco. Siempre cogido de las sayas de mi abuela, del mandil de mi madre o de mi falda. Mi abuela le decía pollico, pues acostumbrada a verlos recién nacidos en el corral, con su interminable piar y tan tiernos, le costaba muy poco ver en mi hermano a uno de sus pollicos. Él aceptaba con gusto que mi abuela lo llamara así porque era una manera de sentirse protegido y querido por ella.
Yo me encargaba de mecerlo en el árbol, de contarle cuentos, de regañarle para que comiera, de dejarle un sitio en mi cama cuando se despertaba por la noche, de lavarle las rodillas cuando se caía, de arreglarlo los domingos y de todas aquellas labores que me correspondían como hermana mayor. Recuerdo que una vez le hice una camisa y en el bolsillo le quise bordar un detalle, al preguntarle qué le gustaría, me dijo:” ¡Yo quiero un timón, un timón de un barco para cuando sea marinero!”. Y así fue, en su camisa verde limón, destacaba un precioso timón hecho a punto de cruz para mi marinero. Con los años y lejos de nuestro pueblo, recordábamos con emoción esa camisa que permanecía en su recuerdo de infancia, como un galardón.
Pepe era un chiquillo tímido y de poco apetito a diferencia del resto de hermanos que éramos un peligro en una matanza… como el gato, por eso decía mi madre: “me comen por los pies”.
Era de esos críos que se entretienen con poca cosa, es decir, imaginativos. No le gustaba jugar demasiado con los niños de su edad, iba de los párvulos a casa y de vez en cuando se paraba a coger bichos, lagartijas y renacuajos para alimentar a los pájaros que teníamos en casa, también solía hacer nidos para dar cobijo a algún pajarillo huérfano. Muchas veces lo sorprendía embobado siguiendo el vuelo de una mariposa y en el tiempo de la siega, daba gusto verlo montado en el trillo gritando de alegría.
Así transcurrió su primera infancia: entre el ajetreo de los hermanos mayores, la escuela, los pájaros, sus tres madres y sus tres nombres.
IV
A la edad de siete años su vida sufrió un cambio.
Mis padres decidieron internarlo en un colegio de Madrid para que estudiara y el día de mañana tuviera mejor futuro que el que ellos habían tenido.
-El estudio le servirá para hacerse un porvenir -decían mis padres como todos los padres que desean lo mejor para sus hijos. Esta decisión supuso para mi hermano un cambio dramático en su vida pues lo alejaba de su medio natural y afectivo en aras de un futuro que, siendo tan niño, aún no tenía capacidad para valorar. Atrás quedaba todo ese mundo mágico que su entorno y su imaginación creaban y atrás también quedaban sus afectos más esenciales: sus padres y hermanos.
Cuando regresaba a Baños por las vacaciones no había manera de que saliera a jugar. Se pasaba la mayor parte del día en casa, en el escalón de la puerta o en el patio.
- ¡Ay, qué cocinica es este chiquillo!- decía mi madre para provocarlo a que saliera con los críos de su edad -. Anda, sal un ratico nene.
- ¡Cómo voy a salir, si he venido para estar contigo!- respondía con todas las de la ley.
Mi madre sonreía al referirle a mi padre la contestación tan redicha del niño.
En esta edad mi hermano sólo llamaba mama a su madre y no se separaba de ella ni un instante; necesitaba llenarse de su presencia, de su cariño, escuchar sus canciones, observarla trajinando de aquí para allá. Una a una, recogía todas esas vivencias que lo confortarían en los días de añoranza lejos de Baños.
Mi familia también sufrió la nostalgia de su pueblo. Mis padres y hermanos se vieron obligados a trasladarse a otra tierra, un lugar lejos de esos cielos de arreboles, del sembrado y la espera del trigo, del abrazo del amigo, de los frutos de la tierra… Sin embargo, la tierra no daba para llevar a la mesa el pan que alimenta nuestra existencia.
Fueron tiempos donde algunas familias, tuvieron que iniciar un vuelo forzoso hacia otros cielos extraños, pero que ofrecían la posibilidad de una ocupación remunerada y permitía cubrir las necesidades más primarias.
La vida en aquella tierra lejana, iba tejiendo recuerdos y añoranzas, uniendo, de una manera singular, las vivencias de Baños arraigadas en el corazón y las nuevas experiencias, los nuevos paisajes que se abrían a sus ojos y que negaban por no ser los lugares anhelados.
Parecía que la vida transcurría a la espera de una voz que dijera: Volved. Es tiempo de regresar.
V
Nueve hermanos como los nueve planetas.
Mi hermano Pepe era el antepenúltimo. Nació en la temporada de la aceituna. Mi madre aconsejada por el médico del pueblo dio a luz en Jaén para evitar posibles complicaciones en el parto. Este hecho también le daba cierto aire distinguido, pues sólo él podía decir que había nacido en un hospital.
Mi padre me llevó a Jaén a verlo. Estaba en un moisés con lunares azules y cuando abrió los ojos éstos parecían hacer juego con el moisés.
Feliz con su niño de ojillos como lunares azules, feliz de tener uno más, pues Dios nos ayudará como hasta hoy; mi madre descansaba de las muchas obligaciones de la casa y disfrutaba en todo momento de su nueva criatura.
Ahora ella inclina su cabeza conteniendo el llanto desgarrado para no perturbar el silencio que precede a la muerte. Quién le iba a decir que no sólo daría cuna a su hijo, sino también sepultura. Ahora ella, anegada de luto, pide a Dios fuerzas como nunca las había pedido; fuerzas para recomponer su corazón destrozado por la muerte de su hijo. “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”.
La siega toca a su fin. Me acerco de nuevo a la ventana y ya no miro el movimiento de la calle. Mis ojos van más allá, miran más allá de esta geografía; mi pensamiento vuela con ímpetu hacia Baños de la Encina y se detiene en el campanario de la iglesia de San Mateo. Las campanas tocan festivas a bautizo, a romería, a Domingo de Resurrección. Quiero que los latidos de las campanas llenen de vida esta habitación, que me llamen para volver a mi pueblo y que mi hermano me enseñe su casa del Santo Cristo. Que me enseñe canciones de ronda, que me refiera cuánto le gusta la bañusca que vive por la calle Mestanza. Y me hable de la sierra, de las almenas del castillo que en la noche celan nuestros sueños…
Que su voz sea una dulce melodía en mi recuerdo, un acorde que despierte los lugares amados que duermen en mi corazón.
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Flyer por: Carlos Alvarez
Fotografía por: Rafael Cruz
“Somos revolucionarios y detestamos el sentimentalismo pequeñoburgués” podría decir en un discurso Julio Robles, líder del Comando Flores Magón y personaje protagonista en la novela La Sangre Vacía de Rubén Salazar Mallén.
¿Qué define el carácter de un líder dentro de un movimiento social revolucionario? es la pregunta que plantea Salazar en esta obra, y además muestra las complicaciones que hay para que un movimiento social cualquiera, logre trascender en manos de quienes lo propongan.
Es posible que en el Distrito Federal, durante principios de los años 70’s, existiera un subterráneo pero consolidado Partido Comunista; es seguro que hubo muchos estudiantes inconformes tras la situación que hubo en 1968 que pudieron simpatizar con él; y es innegable el hecho que en 1971 aún existía la represión a jóvenes por parte de la milicia mexicana; pero un movimiento social legítimo, en busca de una revolución, es poco probable asegurarlo.
Entre la crónica periodística y la ficción novelística, Salazar Mallén, expone la organización del Comando Flores Magón, una entidad revolucionaria conformada, en su mayoría, por estudiantes y maestros que integran el Consejo de Estudios Sociales en la UNAM; que ha roto vínculos con el Partido Comunista Mexicano y es liderada por César Guevara (qué apellido tan conveniente), un joven simpatizante de las ideas de Lenin y con un sentimiento de responsabilidad social para con personas no muy afortunadas.
La organización de su comando es hasta cierto punto bien sistematizada. A pesar de las expropiaciones (también conocidos como robos y asaltos) que hacen, subsidian a gente de zonas rurales y familias de compañeros caídos que necesitan recursos. El orden que tienen, les da hasta cierto punto legitimidad como un grupo que propone un cambio respecto a la burguesía mexicana, que goza de los beneficios políticos y económicos.
Tras una mala pasada, Guevara y otros integrantes del comando caen muertos al realizar la tarea de entregar dinero expropiado en una trampa. La organización del Comando Flores Magón necesita un líder y lo encuentra en Julio Robles, mejor amigo y el camarada más cercano de Guevara, quien toma las riendas por iniciativa propia.
En el mando, Robles saca a flote su personalidad recta y directa (“soy un revolucionario y no me puedo dejar llevar por sentimentalismos”), lo que demuestra sus aptitudes de líder. En un principio, las gestiones y los, yo llamaría, operativos, del Flores Magón resultan, hasta cierto punto exitosos, pese al peligro latente en el que se efectúan.
Es cuando asesinan al profesor Alonso García, quien prestaba su casa para las asambleas del comando, que la organización es desintegrada ante el ojo público, vía prensa, radio y demás medios de comunicación. Debido a la desacreditación ante la opinión pública, la molestia en Robles se acrecienta hasta el punto de dar un golpe, con el secuestro a un político, para marcar la vigencia de la revolución anticapitalista del comando. Durante la acción cae muerta Alma Bravo, novia de Robles.
Pese a mostrar su fortaleza como líder frente a la situación de perder a su compañera sentimental y revolucionaria, Robles comienza a mezclar su vida personal con la activa, ya que sus expropiaciones se vuelven cada vez más imprecisas (la muerte de uno de sus compañeros se debió a que él no se presentó en la acción para dar continuidad por quedarse en su aventura con la viuda de García).
El hecho de verse en emergencia, y reclutar miembros activos sin el filtro usual de admisión, y comenzar a pasar por alto los propios lineamientos del comando (como hacer autocrítica tras las expropiaciones), hacen evidentes las meya en la integración del grupo guerrillero y las grietas en la ideología del mismo, hasta el punto de ya no saber porqué se lucha o si sólo se lucha por luchar.
Ante la indiferencia de la opinión pública y de los medios de comunicación, al no considerar al Comando Flores Magón como un grupo de lucha y sí como simples criminales, Robles busca dar un golpe deliberado al planear el secuestro de otro político, conocido por ser más que acaudalado, pero lejos de eso, secuestran a un escritor que resulta ser un becario de la víctima original.
Con el escritor victimado, Robles traza una mascarada que ni el propio comando cree lógico, y busca la atención de los medios con el secuestro del “ideólogo” del político que planeaban plagiar. Y ante la respuesta negativa de cobrar el rescate, la irracionalidad y lo impulsivo del carácter de Robles se acrecienta al punto de asesinar al escritor.
Es entonces que el Comando Flores Magón se extingue extraoficialmente, en medio de la acalorada discusión entre sus miembros, y la muerte de Julio Robles en manos de uno de sus camaradas.
Pese a que el movimiento social planteado en el libro se desarrolla en una época prácticamente moderna, resulta evidente que termina por convertirse en un movimiento primitivo, pues el protagonista Julio Robles adquiere una personalidad autoritaria, casi mesiánica. Su ego llega a tal punto que toda la infraestructura del Comando Flores Magón se desvanece en sus manos, pues no cumple ni siquiera con los mínimos lineamientos del grupo, lo que finalmente logra la falta de respeto dentro del mismo.
Conforme avanza la lectura de La sangre vacía pareciera que toda la revolución, todo el cambio social, y todas las intenciones de buscar una sociedad mejor, se convierte en algo que sólo pareciera existir en la mente de una persona, pues la credibilidad, las buenas intenciones, y hasta el honesto sentido e justicia se deterioran hasta el punto en que ya no se puede distinguir si Robles y compañía son unos legítimos revolucionarios o simples criminales de la peor calaña.
Respecto a Salazar Mallén y su forma de escribir, no puedo decir que su estilo sea de lo mejor, pues, pese a que usa un estilo periodístico, lo mal emplea al no entrecomillar la voz de sus personajes, cosa que puede resultar algo confuso en las primeras páginas, ya que no se entiende si habla en primera persona como narrador, o como el personaje en cuestión.
Otro aspecto desagradable, hasta cierto punto, es el ritmo que lleva, pues parece muy rápido y no describe lo suficiente como para el lector llegue a contextualizar las situaciones que se presentan. Sin embargo, creo que la historia salva por completo a esta obra de Salazar, pues además de exhibir en su ficción las entrañas de un movimiento social no muy lejano a la realidad, y las represiones que sufre por la postura social dominante, profundiza con crítica (que bien pudiera ser constructiva o destructiva) en las ineficiencias de organización que seguro hay en cualquier movimiento social, y que pueden causar su propia decadencia.
La sangre vacía (1982)
Autor: Rubén Salazar Mallén
Editorial Oasis/ SEP



El término globalización presenta serias dificultades al momento de puntualizar su definición. Su concepción y estigmatización suele estar asociada al modelo económico neoliberal explotador que extingue cuanto se le ponga enfrente (hablemos de sociedades nativas, especies animales, distintos medios de organización social alejados del concepto de desarrollo mercantilista). Sin embargo, esa idea concedería la categoría de paradigma al fenómeno en cuestión. Falso es que el modelo globalizador es el único medio de desarrollo o que tiene un objeto de estudio concreto (por lo tanto no es un paradigma ni científico, político, social o económico). Se debe comprender nuestra actualidad en base a flujos –comercio, turismo internacional, desterritorialización de empresas- y conceptos como: producción, distribución y consumo (característica imprescindible del modelo capitalista) de bienes materiales y simbólicos. Es decir, la globalización no está en el terreno MACRO, sino que impacta en diversos campos de la vida cotidiana del hombre y la mujer.
¿Por qué es entonces tan odiada y despreciada la globalización y por otro lado, tan ansiada? Porque a la par que reproduce modelos de homogeneización e integra culturas, produce su contraparte, la fracción, la exclusión y la marginación. Es extraño pensarlo así pero el fenómeno globalizador no se encuentra en todo el mundo, aunque distribuye sus redes por el globo terráqueo (siendo concreta con los medios de comunicación, facilitadores de la mundialización). Se habla por lo tanto de focos globales o ciudades globales que se imponen por sobre otras, atrayendo un número indescriptible de migrantes de ciudades emergentes o en condiciones precarias.
Néstor García Canclini cataloga a la globalización como un objeto cultural no identificado, refiriéndose con ello, a todo elemento que al no ser redituable en el mercado, se desclarifica, pero no se extingue. Por lo tanto se llega a la premisa de que las culturas no desaparecen (si bien se encuentran en condiciones deplorables, las diferencias únicamente se reordenan); sin embargo, ¿qué sucede con la alarmante cantidad de lenguas que se desvanecen día con día en el planeta Tierra?
Se debe dejar en claro que lo global y lo local van de la mano; éste último reciente los constantes cambios de los que se ve preso por acción de un desarrollo industrial, en telecomunicaciones, medios de transporte, migraciones y urbanización. Toda ciudad en el mundo es ejemplo contundente de las contradicciones que presenta la globalización: un centro desarrollado y una periferia olvidada, desprovista de servicios, contaminada. De esta manera, queda claro que las recientes y nuevas generaciones, somos hijos (más no víctimas) de la globalización, somos descendientes y dependientes (válgase agregar este concepto) a los productos de la tecnología y de la industria, las cuales en constante cambio han hecho chocar el espacio visual (que sobrepone el razonamiento, la linealidad) y aquel que se orienta hacia la cualidad y el holismo. Por medio del concepto tétrade (sugerido por Marshall McLuhan) se llega a la conclusión del impacto que han acarreado las nuevas tecnologías: expandir, intensificar, volver absoleto, recuperar y sufrir una modificación. Es un proceso que remite a la renovación y la búsqueda de mejores condiciones, aunque basta decir, conlleva productos innecesarios, consumo basura, temporalidad, daño ambiental, ajetreo comercial, económico, social e incluso, psicológico.
La base de la globalización es la electricidad (diría McLuhan extensión de nuestro sistema nervioso), es decir, energía, con lo cual se plantea un siguiente problema: la obtención del petróleo. Éste desde el punto de vista bélico, político y económico, es un recurso amado, necesitado y anhelado. En contraparte, debido a las altas emisiones de gases, a la contaminación generalizada, a la inconciencia ambiental, y a las muertes ocasionadas por intervenciones militares para obtenerlo, es el recurso perfecto para nuestra destrucción.
La globalización se tiñe de injusticia, represión, violación a los derechos humanos, saqueos, ambición y discriminación. De acuerdo a Dolores Amat, Pedro Brieger, Luciana Ghiotto, et al., la globalización neoliberal trajo consigo las RRG (Redes de Resistencia Global) como lo es el EZLN (Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y Contra el Neoliberalismo, 1996), la batalla de Seattle en protesta a una reunión del OMC (Organización Mundial del Comercio) el 30 de noviembre de 1999, o el FSM (Foro Social Mundial), emprendido en enero de 2001 en Porto Allegre, Brasil –como oposición al Foro Económico de Davos. Sin embargo, también es necesario advertir que estos movimientos globales en oposición a la globalización neoliberal, emplean la globalización ecológica, informativa y política para realizar sus objetivos.
Pese a que su premiere mundial fue hace precisamente un año (mayo 2008) en el Festival Internacional de Cine en Cannes, Maradona por Kusturica tuvo su premiere mexicana el domingo 22 de marzo de este año en la última edición de Festival Internacional de Cine en Guadalajara, con la presencia de su director, y hoy ciudadano honorifico en Jalisco, Emir Kusturica, quien, además, ofreció tremendo concierto con su banda, The No Smoking Orchestra.
Pero esto no es acerca de los reconocimientos que el director serbio/bosnio recibió aquella noche, o de lo catártico que resulta un concierto de la renovada Zabranjeno Pusenje (nombre original de la banda en serbio), sino de la película documental que ahí presentó acerca del d10s del fútbol (nótese el acento en la “u”) argentino, a quien abiertamente admira.
De hecho, es la admiración de Kusturica hacia Maradona la clave para elogiar o menospreciar la cinta en cuestión, pues pese a que el balcánico cae en autocomplacencias al emparentar al genio gambetero y goleador con personajes de sus películas previas Gato negro, gato blanco (1998) y Cuando papá está en viaje de negocios (1985), que hasta cierto punto, pudiera ser tomado como recurso publicitario para que audiencias del primer cine se interesen en verlas, se nota una mirada profunda a la vida del autor del Mejor gol del siglo XX.
Por otro lado, muestra muchos actos políticos (y posiblemente considerados propagandísticos) en los que se ha visto involucrado Maradona junto al actual presidente venezolano Hugo Chávez durante su campaña presidencial; además de su amistad con el mismo Fidel Catro (“es el único, quizás considerado político, que puede decir que nunca ha robado a su pueblo”) y su amor por Cuba; con quienes el serbio evidentemente simpatiza. Pero todo esto se justifica por el simple hecho de que la película fue filmada entre 2005 y 2007 y marcan la postura política (y revolucionaria, agregaría Kustirica) del astro histórico del Napoles y Boca Juniors.
Vemos como la carrera futbolística del actual director técnico de La Albiceleste se mezcla con el sentir popular que tienen los argentinos acerca de los ingleses respecto a la situación que hubo con las Islas Malvinas en ese histórico partido mundialista del 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca entre Argentina e Inglaterra, cuando Maradona marcó sus dos goles más reconocidos; uno al marcarlo “un poco con la cabeza, y otro poco con la mano de Dios”, como declararía tras el partido, y otro que marcó cuatro minutos después, al tomar la pelota antes de llegar a la media cancha y burló en diez segundos a cinco defensores ingleses, incluido el portero. “Era una guerra en el potrero, y que yo hubiese metido un gol con la mano, fue como si yo le robase la cartera a un inglés, un insulto”.
La comicidad de la película, que hay en todas las películas de Kusturica, llega con la Iglesia Maradoniana, en donde, es tanto el fervor que le tienen a Diego, que celebran bodas en estadios de futbol y toman el nombre de la estrella como suyo.
Además, encuadra al Diego, padre de familia, que debido a su adicción a la cocaína, se aislaba cada vez más de su siempre tolerante esposa y de los eventos que marcan la alegría de ver crecer a sus hijas (“ahora lo veo en video y digo, ¿Pero cómo pude ser tan puto de perderme esto?”), así como las consecuencias deportivas y su consecuente redención (“¿sabés qué jugador hubiese sido yo si no hubiese tomado cocaína? De lo que nos perdimos.”).
Maradona por Kusturica es, simplemente, la película acerca de un hombre ordinario con un fuerte sentido de justicia que de niño tuvo sueños y los cumplió, que cometió errores fatales y los enmendó, y que ha sido polémico y trascendente solamente por vivir como ha querido.
Maradona by Kusturica (2008)
Director: Emir Kusturica
Con Diego Armando Maradona, Emir Kusturica y Claudia Villafañe de Maradona
Pentagrama Films/ Telecinco Cinema/ Wild Bunch et Fidélité

Estaba dormido, envuelto en las sábanas de unos cabellos negros. Sobre la carretera blanca del cuero cabelludo descansaba de la frenética actividad de horas pasadas. Era tan pequeño, tan invisible para los parlantes piojos que arrasaban organizadamente en coordenadas, que siempre trabajaba sin preocupaciones. En el aire circulaban esferas blancas esponjosas que se adherían momento a momento a los múltiples filamentos ondulantes. Despertó. Se habían disparado unas palabras provenientes de la habitación de juegos. El gatillo del oponente se había abierto tanto hasta que se dejó ver una inmensa resbaladilla de color fuego.
Aquel microscópico individuo, vestido con un leotardo de rayas blancas y negras, tomó su caja de herramientas y bajó hasta los ojos de la niña. Su residencia era una chiquilla sonriente, traviesa, llorona y vengativa. Momento de sacar la tenaza L. Recorrió unos milímetros el aposento de los oscuros iris de Sofía para instalarlos a la derecha de sus posibilidades. Tres segundos y con la tenaza bien sujeta los centró lentamente hasta dejarlos descansar.
Una nueva molécula de emoción y descendió hasta sus labios rosados. Sacó una pinza con dos engranes de mayor tamaño que su cuerpo entero. De una manija que salía de la pinza justo a la mitad, giraba y giraba, provocando movimiento en ambas ruedas. De tal manera que una se encontraba sobre el labio inferior y la otra, sobre el superior vecino carnoso. Logró abrir considerablemente su boca. De pronto un péptido furtivo….
-¡Ya no me quiero bañar!, ¡ya no me quiero bañaaaaaaar!
El pequeño huésped sudado rogaba por un llanto venido del alma, no por pequeñeces y cosas de mocosos consentidos. Refunfuñó lo suficiente hasta que la emoción de la niña le hizo trabajar. Tenía que aflojar y endurecer el engranaje para permitir el movimiento de los labios. Curioso por lo que estaba pasando, se asomó a lo lejos y pudo ver que su alojamiento humano se encontraba en un baño color rosa, muy pequeño y vaporoso. Ella comenzó a susurrar…
-Su carita estaba cada vez más pálida, más de muerto. Su cabeza, calva. No murió de cáncer, murió en mis ojos…
Orden de fruncir los labios. El hombrecillo soltó la manija, deteniéndose justo cuando éstos se habían compactado. Aquella niña tenía la necesidad de mirar hacia el piso, así que el femto-individuo corrió y con la tenaza L tomó con firmeza la dirección de sus ojos hasta colocarlos en ese sentido. La niña respiraba hondamente, por lo que el traqueteado huésped se posicionó en medio de las pequeñas fosas, que estiró hasta que se sintiera que se llenaban los pulmones. Las regresó a su lugar originar. Cuatro veces más efectúo el alargamiento y reposó.
Sofía que se encontraba de frente al espejo del tocador, cubierta por una toalla blanca, se disputaba seriamente entre meterse a bañar y no hacerlo. Se miraba de frente, analizando su rostro, la finura de sus rasgos, cuando notó un puntito extremadamente pequeño que corría de un lado al otro, de sus ojos a la nariz, y luego a la boca, sin orden aparente. Hacía paradas rápidas en esos tres órganos sensoriales como un esquilín que huye de ser pisado por la suela de un botijón.
Acercándose cada vez más al espejo para poder ver aquella cosa minúscula con más claridad, llevó su mano a la cara y lo tomó entre sus dedos. Como parecía inofensivo, se preguntó qué podría hacer en su oído. Quizás y hasta podría moverle las orejas como Dumbo. Todo con tal de distraerse un poco de lo que pasaba justo dentro de su cabeza. Entonces colocó aquel pequeño intruso en su oreja, y como vio que no hacía nada, lo empujó un poquito, hasta que sin darse cuenta fue a resbalarse –debido al exceso de cera- hasta llegar al nervio auditivo. Un desliz más y ya había llegado al cerebro. La pequeña, incómoda por la presencia de aquel monstruosillo en su interior, inclinaba su cabeza golpeando suavemente su oído; pero el huésped favorecido por tal movimiento pudo colgarse del axón de una larga neurona y así, por medio de un impulso eléctrico llegar hasta el centro de la memoria.
Allí pudo leer uno de los impedimentos de Sofía para meterse a bañar… Archivo de 1977: Justo cuando enjabonaba a su hermanita y abría la llave, vio cómo de repente el trozo de metal de metro y medio que sostenía la cortina de baño se caía impactándose en la cabeza de ésta. El agua que salía de la regadera se combinaba con el jabón y la sangre derramada. El hombrecillo se espantó y colgó de otro axón para salir de allí. Pudo regresar al nervio acústico y jalado como por atracción magnética, salió hasta llegar al oído externo. La niña estaba por fin tranquila por no tener más al huésped en su cerebro; sin embargo, lo vio con una excesiva melancolía. Sabía que él había leído la triste historia de la muerte de su hermana pequeña, por lo que convencida, soltó la toalla y abrió la llave de la regadera. El agua, que sentía a través de sus delgadas piernas, fue cayendo cada vez más caliente. Tomó al hombrecillo que seguía en su oído y lo dejó caer perdiéndose en la coladera.
Sofía quiso terminar con sus expresiones en medio de una temperatura de creación. Tendría sólo, una cara muerta.
En tiempos como estos, en los que el pánico y la incertidumbre se hacen presentes en los medios de comunicación del país y del mundo ante la posibilidad de una pandemia; en tiempos donde importa un bledo si la final de la Champions League pueda ser disputada por el FC Barcelona y el Manchester United, o que Rafael Nadal sea el tenista número uno del mundo y llegue a ganar todos los trofeos del ATP Masters Tour 1000; en los que ya es frívolo pensar en el tan esperado regreso de Metallica a México para que den tres conciertos de dos horas y media; en estos tiempos es cuando los mexicanos debemos estar solidarizados, unificados y descartar todo sentimiento de temor o pensamiento caótico, pues, no nos equivoquemos, estamos ante la posibilidad de guerra.
No en una guerra contra algún país, en la que seamos obligados a tomar un fusil, y seamos enviados a bombardear alguna ciudad lejana, como llegan a hacer impunemente los estadounidenses. Nada de eso, en nuestra guerra todavía no se sabe qué o quién es el enemigo. Bien puede ser la influenza porcina (perdón, ahora es humana o H1N1), los medios de comunicación masivos, nuestro propio gobierno, o hasta nuestra propia ignorancia. Lamentablemente, yo tampoco lo sé.
Lo que sí sé, es que dentro de todo el caos generado desde el jueves 23 de abril, hasta el día en que se terminó de redactar esto (2 de mayo), hay algo que no me queda claro, que no me cuadra.
Las cifras de casos confirmados, casos sospechosos y defunciones relativos a la influenza porcina que presentaba Reforma, vía Internet, hasta el 30 de abril, citaban a la Organización Mundial de la Salud, a la Secretaría de Salud federal , así como a las estatales, que difieren unas con otras. El periódico en línea hace ver, con base en las cifras de las Secretarías de Salud estatales, al Distrito Federal como el foco principal de brotes de influenza, con 194 casos sospechosos, 89 probados, 28 defunciones y 5 de ellas comprobables. Hasta ahí vamos bien, se sobreentiende que las cifras puedan no ser compatibles.
Lo que me resulta extraño es que amistades en el Distrito Federal, como Juan Luis, o Erick, me han comentado puntualmente, vía Messenger, que no saben de nadie cercano a ellos, así como en el caso del “amigo de un amigo de un amigo”, que padezcan la enfermedad. Incluso todos mis familiares capitalinos están completamente sanos, y desconocen de alguien que haya padecido la temible influenza porcina. Sin embargo, digo, “oquei, son cerca de 10 millones de capitalinos. Puede ser”.
Además, llegaron constantemente correos electrónicos relacionados al problema nacional con información dudosa que sugieren un complot del gobierno para la reactivación de la economía, o que la situación sólo es una distracción para la próxima campaña electoral, y cuestionan la falta del tan criticado amarillismo en los medios de comunicación, al no publicar entrevistas o alguna información sobre las victimas (enfermos y difuntos) de la epidemia, así como del retroviral que se les administra en hospitales.
Sólo uno de esos correos, además de una dura crítica al Partido Acción Nacional, incluye datos cotejables respecto a que al mismo tiempo en que todo el país volcaba la vista a la situación nacional de salubridad (entre el 23 y 30 de abril), en la cámara de senadores se aprobaba la portación de sustancias ilegales como marihuana, cocaína, heroína, cristal y LSD a consumidores, bajo la restricción de no usarlas en sitios públicos (ver: http://www.milenio.com/node/204108); además de la Ley de la Policía Federal, que faculta a los agentes policiacos a intervenir líneas telefónicas, correos electrónicos y laborar de encubierto como civiles, según disponga el Ministerio Público Federal (ver: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2009/04/30/aprueba-senado-ley-de-la-policia-federal). Legislaciones como estas pueden hacer pensar en una posible mascarada, como de mala película hollywoodense. Como quien dice, no cuadra.
Y mientras todo esto pasaba, el gobierno del Distrito Federal cerraba todo tipo de lugares donde pudiera haber una aglomeración de gente, llámense estadios, cines, auditorios, o hasta restaurantes. Mi tía, que tiene el mejor restaurante del Centro Histórico donde he comido gratis, llamó el miércoles y comentó que tendría que cerrar el lugar por al menos 15 días, debido a la disposición gubernamental que se había anunciado la noche anterior.
Además de significar un golpe en el bolsillo de mi tía, y por consecuencia en el de mis primos, la influenza (hoy humana, para evitar muertes de cerditos en Egipto) arremete tangiblemente más contra la economía de los capitalinos que contra su salud, ya que el comercio, ya sea restaurantero o de cualquier índole, es la mayor fuente de ingresos de los habitantes.
Sin embargo, con la tristeza que me invade al ser capitalino de origen y ver el Distrito Federal como una ciudad fantasma desde las fotos de periódicos, al estar totalmente paralizada; sólo pienso en una cosa: futbol.
El torneo mexicano de Primera División es lo que menos me cuadra de toda la situación, pues durante el pasado fin de semana se efectuó la Jornada 17 a puerta cerrada. Aparentemente, todo tipo de competición y práctica deportiva en el país había sido suspendida.
Incluso la CONCACAF postergó la final de vuelta de la Liga de Campeones, que disputarán los clubes mexicanos Atlante y Cruz Azul, y hasta CONMEBOL, después de dimes y diretes, respecto a una supuesta discriminación hacia los equipos mexicanos Chivas de Guadalajara y San Luis Potosí de parte de Colombia, Venezuela y Chile dentro de la Copa Santander Libertadores, se vio obligada a aplazar los juegos de octavos de final que los equipos nacionales disputarán para que nadie salga afectado económicamente, ni haya riesgo de contagios.
Aunque con miedo y asco han aparecido soluciones para que nadie salga perjudicado en el torneo internacional (clubes mexicanos y sus rivales sudamericanos), la Federación Mexicana de Futbol ni se ha inmutado ante la amenaza de que los jugadores puedan resultar enfermos por la continuación del torneo local. Hasta el flamante director técnico del Tri continúa los entrenamientos de su selección apócrifa con cubre bocas desechables.
Si José Ramón Fernández ha dicho desde ESPN que el torneo mexicano está controlado por Televisa y TV Azteca, y éstos son dos de los principales medios de comunicación que propagan el pánico y temor respecto a la influenza humana, entonces ¿qué significa? Y si además se especula que Javier Aguirre está en la selección mexicana por petición del propio Felipe Calderón, vía Jesús Martínez, propietario del club Pachuca (club involucrado en 2007 en un escándalo de especulación de terrenos en Hidalgo), quien comunicó al primer mandatario con el ex entrenador del Atlético de Madrid, entonces ¿hasta qué punto llegaría la relación entre gobierno, televisoras y futbol mexicano en todo este escenario de pánico y repugnancia?
Hay algo escurridizo y elusivo en tiempos como éstos. ¿Cuál es el verdadero significado de legalizar el consumo de drogas?, ¿qué significa la continuación del torneo cuando los jugadores, lejos de jugarse la Liguilla o el descenso a Primera A se juegan la salud?, ¿estará planeada toda esta situación relacionada a la influenza?, ¿es posible asegurar que todo se restablecerá el seis u once de mayo?, ¿serán un disparate estas líneas? o ¿toda esta situación de la epidemia será una exageración? Nada queda claro, pero, en tiempos como estos, parece haber algo o alguien a quien se le deba llamar enemigo.
Dicen por ahí que el arte es la capacidad de llevar a cabo una actividad hasta su máxima expresión. Seguramente quien (o lo que) impida ver a través de las grietas de esta situación, sea el artista (o el opus) más grande del que se haya escrito jamás.
