
El término globalización presenta serias dificultades al momento de puntualizar su definición. Su concepción y estigmatización suele estar asociada al modelo económico neoliberal explotador que extingue cuanto se le ponga enfrente (hablemos de sociedades nativas, especies animales, distintos medios de organización social alejados del concepto de desarrollo mercantilista). Sin embargo, esa idea concedería la categoría de paradigma al fenómeno en cuestión. Falso es que el modelo globalizador es el único medio de desarrollo o que tiene un objeto de estudio concreto (por lo tanto no es un paradigma ni científico, político, social o económico). Se debe comprender nuestra actualidad en base a flujos –comercio, turismo internacional, desterritorialización de empresas- y conceptos como: producción, distribución y consumo (característica imprescindible del modelo capitalista) de bienes materiales y simbólicos. Es decir, la globalización no está en el terreno MACRO, sino que impacta en diversos campos de la vida cotidiana del hombre y la mujer.
¿Por qué es entonces tan odiada y despreciada la globalización y por otro lado, tan ansiada? Porque a la par que reproduce modelos de homogeneización e integra culturas, produce su contraparte, la fracción, la exclusión y la marginación. Es extraño pensarlo así pero el fenómeno globalizador no se encuentra en todo el mundo, aunque distribuye sus redes por el globo terráqueo (siendo concreta con los medios de comunicación, facilitadores de la mundialización). Se habla por lo tanto de focos globales o ciudades globales que se imponen por sobre otras, atrayendo un número indescriptible de migrantes de ciudades emergentes o en condiciones precarias.
Néstor García Canclini cataloga a la globalización como un objeto cultural no identificado, refiriéndose con ello, a todo elemento que al no ser redituable en el mercado, se desclarifica, pero no se extingue. Por lo tanto se llega a la premisa de que las culturas no desaparecen (si bien se encuentran en condiciones deplorables, las diferencias únicamente se reordenan); sin embargo, ¿qué sucede con la alarmante cantidad de lenguas que se desvanecen día con día en el planeta Tierra?
Se debe dejar en claro que lo global y lo local van de la mano; éste último reciente los constantes cambios de los que se ve preso por acción de un desarrollo industrial, en telecomunicaciones, medios de transporte, migraciones y urbanización. Toda ciudad en el mundo es ejemplo contundente de las contradicciones que presenta la globalización: un centro desarrollado y una periferia olvidada, desprovista de servicios, contaminada. De esta manera, queda claro que las recientes y nuevas generaciones, somos hijos (más no víctimas) de la globalización, somos descendientes y dependientes (válgase agregar este concepto) a los productos de la tecnología y de la industria, las cuales en constante cambio han hecho chocar el espacio visual (que sobrepone el razonamiento, la linealidad) y aquel que se orienta hacia la cualidad y el holismo. Por medio del concepto tétrade (sugerido por Marshall McLuhan) se llega a la conclusión del impacto que han acarreado las nuevas tecnologías: expandir, intensificar, volver absoleto, recuperar y sufrir una modificación. Es un proceso que remite a la renovación y la búsqueda de mejores condiciones, aunque basta decir, conlleva productos innecesarios, consumo basura, temporalidad, daño ambiental, ajetreo comercial, económico, social e incluso, psicológico.
La base de la globalización es la electricidad (diría McLuhan extensión de nuestro sistema nervioso), es decir, energía, con lo cual se plantea un siguiente problema: la obtención del petróleo. Éste desde el punto de vista bélico, político y económico, es un recurso amado, necesitado y anhelado. En contraparte, debido a las altas emisiones de gases, a la contaminación generalizada, a la inconciencia ambiental, y a las muertes ocasionadas por intervenciones militares para obtenerlo, es el recurso perfecto para nuestra destrucción.
La globalización se tiñe de injusticia, represión, violación a los derechos humanos, saqueos, ambición y discriminación. De acuerdo a Dolores Amat, Pedro Brieger, Luciana Ghiotto, et al., la globalización neoliberal trajo consigo las RRG (Redes de Resistencia Global) como lo es el EZLN (Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y Contra el Neoliberalismo, 1996), la batalla de Seattle en protesta a una reunión del OMC (Organización Mundial del Comercio) el 30 de noviembre de 1999, o el FSM (Foro Social Mundial), emprendido en enero de 2001 en Porto Allegre, Brasil –como oposición al Foro Económico de Davos. Sin embargo, también es necesario advertir que estos movimientos globales en oposición a la globalización neoliberal, emplean la globalización ecológica, informativa y política para realizar sus objetivos.

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Septiembre 13, 2009 a 7:59 pm
norman tello
pienso que para q alla mas empleo los indices de glovalizasion deberian bajar, aunque esten en contra del desarrollo tecnologico.